| El trabajo a tiempo parcial no es ese paraíso del “fin del trabajo” que nos quieren vender, sino otra forma de más de flexibilizar la fuerza de trabajo. |
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Determinar el significado del concepto de trabajo a tiempo parcial no es tan fácil como parece: las definiciones reglamentarias nacionales varían enormemente de un país a otro, incluso en la misma Unión Europea. Aparte de Francia y España, la mayoría de los países no poseen ninguna definición legal. En los Países Bajos, los trabajadores a tiempo parcial se contabilizan a partir de las 35 horas semanales; en Dinamarca, entre 15 y 30 horas.
¿Qué sucede en nuestro país que impide la popularización de éste tipo de contrato? Parece claro que en un contexto de salarios mucho más bajos que en Europa (y precios cada vez más altos) elegir esta alternativa es mucho más problemático ya que puede producir una reducción muy sustancial de ingresos ya de por sí magros. Además, el empresariado español parece preferir masivamente la temporalidad como mecanismo de control e intensificación de la explotación de la mano de obra. En todo caso, es significativo que, si en Europa sólo el 22% de los trabajadores a tiempo parcial manifiestan que les gustaría trabajar más horas, esta cifra alcanza el 29% en España. Trabajo a Tiempo Parcial. Aunque lo cierto es que la supuesta voluntariedad mayoritaria de la jornada parcial que parece extraerse de estos datos no está nada clara: dos de cada tres de estos mismos trabajadores identifican como razones para trabajar a tiempo parcial, las responsabilidades familiares y no haber encontrado otro trabajo (68% en España)[ii].
Precisamente, estos datos nos iluminan a la hora de determinar una de las principales características del trabajo a tiempo parcial en nuestra sociedad: tal y como se considera comúnmente en la misma que las responsabilidades familiares en la forma de cuidados y trabajo doméstico recaen sobre las mujeres, este tipo de trabajo es mayoritariamente femenino (el 70% de los contratos a tiempo parcial realizados anualmente en España lo son a mujeres). La feminización de este tipo de contratos es el motivo de que diversos sectores socialdemócratas nos los quieran vender hoy en día como la panacea para el acceso de las mujeres al mercado de trabajo a tiempo parcial, poniéndonos frente a los ojos los ejemplos de Dinamarca o Suecia y olvidando comentar, las más de las veces, que en dichos países este tipo de contratación no sólo va de la mano con salarios sustancialmente más altos, sino que además se produce en un contexto de extensos servicios públicos para el cuidado de los menores, los ancianos y la ayuda a las familias, que no tienen nada que ver con los nuestros. Así pues, el feliz reparto del tiempo de trabajo que nos venden, en el que cada cuál elegiría cuantas horas quiere dar a la empresa capitalista, se nos antoja convertido en un escenario de feminización de la pobreza y flexibilidad absoluta donde siempre se está a disposición de dicha empresa aunque, finalmente, se acabe cobrando menos.
Así pues, el trabajo a tiempo parcial no es (y más que en ningún sitio, en un contexto de salarios y gastos sociales bajos) ese paraíso del “fin del trabajo” que nos quieren vender, sino otra forma de más de flexibilizar la fuerza de trabajo para eliminar los poros de la jornada laboral e intensificar el proceso de reproducción ampliada del Capital a costa del sufrimiento y empobrecimiento de personas reales.
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